elaborado por:

jessica angel carmona
Hasta hace poco, las escuelas se consideraban sitios seguros para el sano desarrollo de los niños. Actualmente, las zonas circundantes a los planteles escolares se han convertido en el lugar idóneo para los acercamientos y la comercialización de drogas sin distinguir nivel socioeconómico, que a su vez ha llevado a un incremento en la violencia intra familiar y social.
Sabemos que el uso de drogas favorece el ausentismo y bajo rendimiento académico en los estudiantes, debido a los efectos tanto físicos como psicológicos que trae consigo el consumirlas. Se observan cambios conductuales incluyendo falta de entusiasmo o indiferencia por las cosas que les interesaban, cambios radicales en su carácter y personalidad, ocasionando problemas con los profesores, compañeros y padres, pudiendo llegar a ser expulsado.
Si un estudiante es descubierto consumiendo algún estupefaciente, las consecuencias pueden ser terribles si no se sabe manejar con prudencia, madurez y profesionalismo. Existen distintas maneras para destruir la vida de ese joven.
Es muy común “etiquetar” a las personas en nuestra sociedad. Desgraciadamente la única manera de quitar ese concepto, es mudándose de escuela, colonia o ciudad. El saber que un alumno consume drogas “marca” también a la escuela, siendo catalogada como “centro de distribución de drogas”.

El no escuchar a los adolescentes, el expulsarlos de las escuelas y no darles otra oportunidad, aparenta ser una solución fácil al problema, sin embargo, estas situaciones lo agravan. El alumno inmediatamente se siente rechazado por “todo el mundo”, nadie lo comprende, la autoestima es baja en esos momentos, comienza únicamente a sentir apoyo consumiendo mas drogas que eventualmente los lleva a la muerte.
Todos deberíamos tener una segunda oportunidad para remediar nuestros errores... ;)